18 oct. 2008

hace tiempo soñé esto

(cuento No. 1)

Huía de la policía, de repente estaba en Gigante y tenía un chip en el tenis, cuando me di cuenta rápidamente me los quité y seguí corriendo. Encontré una bicicleta en el camino, la monté y seguí por una avenida que parecía más bien un futuro tercer piso del periférico, hasta toparme con alguna calle conocida. Por fin di vuelta, eran calles angostas y casa rojas muy altas, casas viejas y nuevas. Había algunos escalones, el piso era como color cemento verdoso. Las calles subían y no se veía el cielo. Entonces al doblar una esquina escuché música, me bajé de la baica y empecé a brincar para poder ver en donde estaba y ubicar la casa, pero las calles formaban como un laberinto y si saltaba solo podía ver más casas, todas rojas con la fachado muy cuidada. Alcancé a ver algo vago, parecido a árboles, el cielo era diferente, parecía como si estuviera grabado en tinta o como si fuera una pintura fresca; era como si los árboles y lo poco de montañas que veía estuvieran no en tercera dimensión, sino como algo plano. Me gustó el cielo, verlo así. De repente escuché un ruido, vi unas escaleras que daban a un lugar subterráneo donde se alcanzaba a apreciar una luz blanca, muy blanca. Dejé la bicicleta y bajé: era un cuarto con música alegre y muchos colores, máscaras, flores, dulces, estampitas, era como una fiesta mexicana y el diablo era el anfitrión, vestido con una guayabera y sombrero de pluma, zapatos de baile. El diablo es muy guapo, gua! po! Había algunos personajes también en lo que parecía ser una fiesta. Ël me dijo:
- Bienvenida
Lo miré, ni siquiera estaba asombrada, si lo estaba era de su porte, su voz, como si desde que lo mirases estuvieras haciendo las cosas prohibidas más deliciosas, su risa, compara el miedo y un orgasmo, lo que hay al juntarlos es su risa.
Conversamos un poco acerca de lo que tenía que entregar y me dijo que no debía volver a casa; aún así no sabía cómo hacerlo.
-¡No quiero que vuelvas! -gritó y miró hacia el descanso de las escaleras.
Yo le seguí la vista: había quemado mi bicicleta, solo se veía una gran mancha en el piso. No sé si lo besé o no, regresamos al colorido salón, se puso un saco blanco. Sentí algo nuevo en el cuerpo y antes de que pudiera identificar qué era, el diablo me dijo: -¡Voltea para allá!
Era una moto bien chida sobre la mancha que antes había sido mi bicicleta. Nos observamos, no sé si a manera de despedida o no. Comencé a subir las escaleras que me llevarían de nuevo a el laberinto de casa rojas y el cielo caricaturesco. Caminando hacia el sexto escalón gritó: ¡Hey, me traes unas papas con queso . .que no sean ruffles.
- ¡Que no sean ruffles! –repetí como afirmando algo que no iba a pasar . .y reí de una manera que si ustedes la hubieran visto dirían que es del diablo. Subí el tramo faltante de escaleras. Rebasé la moto y seguí caminando. .

2 comentarios:

  1. wa yeah, eso sta chido eh..
    bstante loco. pero bueno..

    U_U por que los ruffles no?
    los ruffles son los mejores.
    y yo hubiera llorado por mi bici,
    aunque no se ni pedalearle.pero bah.

    ;)

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  2. Casi todas las ciudades de los sueños son como laberintos. También las ciudades normales me parece que lo son. Lo son?
    Sí lo son.
    Sabes... MMM no sé por que me gusta interpretar sueños... en fin... creo que el diablo representa a tu papá. En qué me baso... no sé... tal vez en lo que dices de que su risa era como un orgasmo combinado con el miedo...no sé por que creo que sólo esos dos sentimientos se pueden fundir en una figura como el padre... no crees? pero en fin que importan las interpretaciones ... el sueño fue bonito.

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